Educación, emociones y autoestima… ¿Lo sabías?

– “¡Otra vez  has dejado la ropa sucia en el suelo!”

– “¿Aún no has hecho los deberes?”
– “¿Es que no te enseñan nada en el colegio?”
– “Que sea la última vez que te digo lo que tienes que hacer.”

– “No has aprendido nada.”

– “Nunca harás nada importante con tu vida.”

Y un largo etcétera…

Muchos mensajes como los anteriores nos los dijeron a edades tempranas, puede ser que en casa, algún familiar o en el colegio, algún profesor/a, algún adulto/a referente cuando todavía estábamos formando nuestra personalidad y éramos muy influenciables…
Recibir cada día mensajes negativos por nuestro comportamiento puede haber afectado a nuestra autoestima y nuestra autopercepción…. Puede ser que nos veamos menos competentes y útiles de lo que realmente somos o de lo que los demás creen que somos…
Pensémoslo por un momento…

¿Cómo nos sentíamos cuando se generalizaba una manera de ser negativa a raíz de un error puntual?

¿Por qué si un día no lavaba los platos era una holgazana?

¿O si no hacía los deberes no sería nunca nada en la vida?

Cada mensaje de ese estilo, puede hacer sentir tristeza, o rabia, o miedo o cualquier emoción… Pero, como ya os contamos en otra ocasión en el post La Importancia de las Emociones, no aprendemos a identificarlas ni a gestionarlas de manera adecuada.
Nos sentimos mal, pero no entendemos porqué.Es difícil en edades tempranas entender  lo que hay detrás de una bronca, o de una amenaza, o de una actitud hostil por parte de las personas adultas de nuestro entorno (familiares, profesores, referentes de cualquier tipo…)

En el fondo, y a menudo, (sé que no se puede generalizar y entiendo que hay excepciones), lo que hay detrás es amor, exigencia por querer que lleguemos a ser lo mejor que podamos ser.

Pero en lugar de motivar, esos mensajes desmoralizan. Padójicamente tienen el efecto diametralmente opuesto…

Y sentimos que no valemos nada, que no aprendemos nada, nos sentimos mal con nosotr@s mism@s sin saber porqué…

Y llegamos a adultos y seguimos igual o incluso… peor. Porque la vida es más complicada, tenemos muchas más responsabilidades, tenemos pareja, a menudo hij@s, trabajos absorbentes, familia que necesita nuestro apoyo, a veces que dependen de nosotr@s…

Y seguimos sin reconocer nuestras emociones, seguimos angustiándonos con cada mensaje negativo, porque no hemos aprendido a tolerar la frustración… Con cada mensaje negativo, extrapolamos que no valemos nada, que no hacemos nada bien, que toda nuestra existencia es un error…

Sentimos miedo cada vez que alguien debe emitir un juicio acerca de algo que hemos hecho…Y vivir así es muy difícil…  Estamos constantemente expuest@s al juicio ajeno.

Y nuestra vida no debe derrumbarse cada vez que alguien nos comenta cualquier cosa negativa que tenga que ver con nosotr@s.¿Te sientes identificad@?

Consúltanos.

En el próximo post de esta serie relacionaremos la Educación con la baja tolerancia a la frustración.

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